TU NE CEDE MALIS

SEBASTIÁN ARAYA VARGAS
lamina.cultura

  Encargo final Cultura Urbana Contemporánea, Lámina    

Encargo Final Cultura Urbana Contemporánea, Ensayo.

Auge inmobiliario en Viña del Mar

 

Entre los años 2002 y 2012 Viña del Mar ha crecido cerca de un 14% en su población, lo que la sitúa como una de las ciudades con mayor crecimiento demográfico del país, esto por supuesto no es debido a la tendencia natural de la población a crecer, es sabido que en Chile la población, al menos en la última media centena de años, no tiende a crecer exponencialmente como en la generalidad del mundo, es de hecho una característica de los países desarrollados el control natural de la población.

Qué es, entonces, lo que provoca que una ciudad de Chile, que ni siquiera es de relevancia para la economía nacional, crezca a un ritmo tan acelerado. Para responder la pregunta es necesario remontarse un poco a los inicios de la ciudad.

Evitando todo el proceso histórico del origen de la ciudad, ya que considero que es irrelevante para el caso, mencionaré solamente como comenzó la urbanización de la ciudad. Viña del Mar era (y es) un sitio predilecto para el veraneo, la burguesía de Santiago y Valparaíso construía sus casas de verano en las costas de Viña del Mar, salvando todos los detalles, Viña del Mar fue creciendo en medida en que se iban construyendo casas de verano, esto mismo atrajo a una clase social más baja que se encargó de establecer un comercio en la emergente ciudad para satisfacer las necesidades de la burguesía, la ciudad creció como un ícono del veraneo, algo así como la Miami de Chile. No obstante, la ciudad se mantuvo como ciudad de veraneo durante un largo tiempo, no fue sino hasta que se establecieron una serie de política públicas en la ciudad y se estableciera un comercio cada vez más desarrollado por una población con alto poder adquisitivo, que la ciudad empezó a convertirse en un lugar en el que es deseable vacacionar, pero también es deseable vivir.

A diferencia de Santiago de Chile, Viña del mar es una ciudad que se elige para vivir no por un interés económico, ya que el precio del inmueble en la ciudad es uno de los más altos de Chile y el nivel de las remuneraciones es inferior al de muchas otras ciudades del país, es una ciudad que se elige por la buena calidad de vida que otorga, buenos servicios públicos y normativas municipales han hecho a la cuidad una de las más limpias y seguras del país. Espacios públicos como la plaza Vergara y el balneario municipal destacan en comparación con su vecina Valparaíso.

En fin, no pretendía entrar al detalle en estas cosas, lo importante es saber por qué es una ciudad deseable para vivir, además mencionar que este fenómeno también le está  ocurriendo a un barrio relativamente joven, Reñaca.

De esta manera parece muy justificable el por qué del crecimiento vertical de la ciudad, es decir, el crecimiento inmobiliario.  Viña del Mar destaca por ser una de la ciudades con más edificaciones en altura con destino habitacional, en general estas edificaciones se habían concentrado en el sector costero, y en menor medida en los ejes principales de la ciudad. Recientemente, en un lapso no superior a 10 años, el crecimiento inmobiliario de la ciudad se cambió de la costa al centro de la ciudad tomándose principalmente uno de los ejes más importantes de la ciudad, Av. Viana-Álvarez (un foco importante de crecimiento ha sido también la calle 1 Norte, pero no será analizado en este caso).

El eje Viana-Álvarez, al igual que 1 Norte, es particularmente importante para la ciudad y para la región, ya que es una de las principales vías que conecta Valparaíso con las ciudades del interior, por tanto la conectividad es un factor importante para el crecimiento habitacional, desde aquí se puede llegar a cualquier lugar de la región, por esta avenida pasa el Metro de Valparaíso, toda la locomoción colectiva del gran Valparaíso atraviesa este eje en uno de sus puntos, y es desde aquí donde salen los buses que van a los Andes y San Felipe. No obstante este eje también posee características de tipo turístico y comercial, es ahí donde se ubica el famosos reloj de flores que da inicio al paseo costero de Viña del Mar, aquí se ubica también la Quinta Vergara, también aquí se ubican la mayoría de los hoteles más famosos de la ciudad, además de ubicarse también varios de los servicios públicos importantes como el registro civil.

Sin embargo lo que catapulto el crecimiento inmobiliario no fueron estas características, aún que por supuesto habrán sido muy importantes, lo que impulsó el crecimiento (principalmente en el tramo comprendido entre Sucre y Simón Bolívar) fue la aparición de un proyecto para un centro comercial.

El centro comercial o los llamados “Malls”, son un fenómeno sin precedentes en la historio del la sociedad de mercado, el centro comercial constituye uno de los logros más extraordinarios de la economía moderna, lograr juntar a las empresas más competitivas del mercado en un solo lugar parecería una idea inconcebible hace 40 años atrás, pero ahora es una realidad casi necesaria. Los centros comerciales son los íconos del mundo contemporáneo (occidental, también oriental pero en menor medida), estas grandes edificaciones se imponen en el escenario urbano como las catedrales góticas, cada uno más grande y esplendoroso que el otro.

La aparición de un centro comercial no solo implica todas las características asociadas al comercio, sino que también tiene un efecto urbano, primero por las dimensiones, un centro comercial puede derivar incluso en la aparición de una nueva avenida, pero también implica una sobre valuación de los terrenos circundantes, especialmente si se tratan de espacios son fin habitacional.

Esto fue lo que ocurrió en este sector del eje Viana-Álvarez, al aparecer el proyecto rápidamente los terrenos orbitales adquirieron un valor superior, y antes de que el precio de los suelos creciera demasiado los terrenos fueron adquiridos por varias inmobiliarias que una vez avanzado el proyecto de centro comercial comenzaron a construir torres de departamentos, en un lapso de 5 años se levantaron casi 20 torres en un espacio no superior a las 5 hectáreas.

Las torres en Viña del Mar son una cuestión común, no obstante el hecho antes mencionado corresponde al boom habitacional más grande que ha tenido la cuidad, al menos si considera el espacio reducido y la gran cantidad de edificaciones construidas en él.

Si bien los efectos urbanísticos, culturales y económicos de este acontecimiento serán muchos y muy complejos, me limitaré a dar una breve opinión personal, ya que estoy relacionado directamente con él, vivo en el centro de este nuevo crecimiento, vivo en la cuarta torre que fue levantada en este lugar.

Uno pensaría que la gran cantidad de personas viviendo en un espacio de suelo tan reducido, cientos de ventanas mirándose unas a otras, provocarían que existiese una vida exterior más desarrollada como lo es en Valparaíso, sin embargo y quizás por una cultura previamente adquirida (sociedad burguesa con ideario individualista), el efecto es el contrario, la vida exterior es casi nula, incluso los espacios públicos no son habitualmente concurridos. El bandejón central del la calle Viana-Álvarez se presta para el running y el ciclismo, para el ejercicio en general, pero no para la estancia pese a que está provisto de bancas y espacios sombreados al pasto. En cuanto al paisaje urbano la ciudad de Viña del Mar parece ser particularmente permeable al afecto de las edificaciones en altura, esto más que pura costumbre tiene que ver con una característica geográfica de la ciudad que en su mayor parte es una planicie, no hay mucho espacio para la contemplación paisajística de la ciudad, salvo por los miradores creados por las mismas edificaciones, pero en definitiva los edificios en altura no tiene un efecto particularmente nocivo en el paisaje como sí lo tienen en Valparaíso, por ejemplo.

Finalmente creo que es pertinente dar una opinión valorativa respecto a estos fenómenos, el caso descrito no es para nada un caso aislado, se repite también en otros sectores de la ciudad, probablemente pasará algo similar cuando se estabilice la situación del Mall Barón en Valparaíso, y en otras ciudades también pasa, doy cuenta de ellos por mi conocimiento del efecto urbano que tuvieron los centros comerciales en Antofagasta. Ahora corresponde determinar si esto es algo bueno o malo, y como en todas las cosas esa respuesta no es fácil, nunca nada es totalmente bueno ni totalmente malo. Los Malls son los íconos de nuestra civilización, no solo tiene una presencia urbana tremenda sino que también son un logro de la economía moderna, no obstante hay que pensar en el costo que tendrá la edificación de una de estas estructuras y el posterior efecto urbanístico que tendrá, y no me refiero al costo monetario, sino al costo cultural. Podemos considerar al Mall como un instrumento de occidentalización, o de estadounidización, y en cierta medida tienden a la segregación ya que están dirigidos principalmente a la aristocracia económica. Aún que quizás el efecto más nocivo que trae consigo un centro comercial es la paulatina eliminación del comercio local y de barrio (aún que esto no es un absoluto, el comercio local con tradición y calidad tiende a sobrevivir), esto y la rápida urbanización que trae como consecuencia que tiende a eliminar la vida exterior, la “vida de Barrio”.

 

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Dark City, La Ciudad en Tinieblas (1998, Alex Proyas)

Los años 90 trajeron consigo decenas de grandes películas, muchas consideradas clásicos en la actualidad. Dentro de ese grupo de grandes películas se encuentra Dark City, una película bastante poco conocida que en su tiempo fue eclipsada por The Matrix, se dice incluso que Matrix se llevó el crédito que debió tener Dark City.

No es mi interés discutir sobre el conflicto entre Dark City y Matrix, no es mi interés condenar Matrix (película que disfruto mucho), mi interés es discutir sobre la estética, los conceptos espaciales y sobre la ciudad misma que se presentan en esta gran película.

Debo prevenir antes de comenzar que voy a spoilear bastante, así que creo que sería recomendable evitar leer esto si no se ha visto la película, en fin, vamos a lo nuestro.

La primera puesta de escena de una película es importante, ya nos enseñaba Welles o Coppola como el inicio perfila una película. Así Dark City tiene un inicio interesante, comienza mostrando una ciudad que se asemeja a Chicago o a New York, pero que sin embargo tiene características curiosamente únicas, en esta primera escena se muestra una ciudad con un ritmo frenético matizado por “el tema” de la película, demencial melodía compuesta por Trevor Jones. La oscuridad también será un factor importante que definirá esta ciudad plagada se sombras sinuosas y formas elegantes que provienen de edificaciones aparentemente de estilo clásico, La estética sombría y la trama misteriosa le asemejan mucho al llamado cine negro.

Quizás la característica más curiosa de la ciudad sea la idea de intemporalidad que lleva implícita, es decir, cuesta trabajo determinar a que época pertenece, se diría que a las años 40, pero elementos tecnológicos, estéticos, y quizás hasta culturales no la sitúan en esa época, por supuesto que esta cuestión no es casual, se justifica dentro de la trama y precisamente por eso adquiere importancia, ya que no se trata de una situación aleatoria, sino que está pensada.

La intemporalidad es uno de los temas que desarrolla esta película, implícitamente por supuesto, porque la idea en sí que trata es la de la memoria. Una ciudad sin memoria, una ciudad sin tiempo, una ciudad que vive una única noche. He pensado largamente en esta idea, las ciudades, y más bien las culturas, se construyen con pasado, sin pasado no son nada o al menos así parece que se piensa, el pasado es lo que crea el sentimiento de arraigo, de pertenencia, pero el pasado no es precisamente algo bueno, me sirvo de apoyo de la idea que planteaba Nietzsche sobre los usos de la historia, o el concepto de historia monumental, es decir, un sentimiento de arraigo que se construye a través de iconos.

Las ciudades están llenas de iconos, las nuestras, Dark City no tiene ninguno, es por ello que el protagonista John se pasa gran parte de la película buscando Shell Beatch, lugar donde se supone que él nació, ya que ésta presenta una iconografía que él reconose. La ciudad es un collage de épocas, de ciudades y de culturas,  pertenece a mucho lugares y a ninguno, la ciudad se presenta como un experimento donde un recipiente contiene a los sujetos de estudio, cuestión doblemente metaforeada con la muestra del experimento del ratón en el laberinto que realiza el Dr. Schreber. La idea del laberinto también está presente en la ciudad, es una ciudad hecha para perderse, por así decir, una ciudad de la que no se puede salir, los altos edificios no sólo representan la estética de una ciudad contemporánea sino que contribuyen a la sensación de encierro, éstos se presentan como los muros que delimitan la ciudad.

La estética de la ciudad es muy similar a lo mostrado en Blade Runner y Batman (1989), son ciudades oscuras, pero oscuras barrocas, es decir, oscuras con focos de luz que centran la atención en un punto, lo que mencionaba anteriormente sobre el cine negro. Este tratamiento escenográfico de estilo casi teatral es lo que contribuye a generar ambientes, es cuestión puramente de iluminación. Estos ambientes no sólo transmiten sensaciones de tipo térmicas o sensitivas, sino que trasmiten sensaciones espaciales, encierro, profundidad, inmersión, etc.

Dark City pasó a la historia no solamente por su guión profundo y simbólico, sino que es recordada también por sus proezas en términos espaciales y de ambiente, es decir en su estética . Por el hecho de tener una trama de ciencia ficción menos terrenal, por así decir, le permite darse más libertades, es decir, todo el espacio subterráneo que habitan los ocultos también tiene cosas muy interesantes.

Recuerdo haber leído un comentario del guionista de comic argentino Héctor Germán Oesterheld refiriéndose al genero de la ciencia ficción, “la ciencia ficción por la ciencia ficción no sirve de nada, la ciencia ficción sirve cuando dice algo sobre la sociedad en la que vivimos”. Una ciudad como la presentada en Dark City no es puramente una creación estética, sino que dice sobre la forma en que vemos nuestras propias ciudades. Hay historiadores que dicen que en el principio cuando aparecen las ciudades modernas durante la edad media, éstas representaban el sentimiento de libertad, donde cada ciudadano podía llevar a cabo su destino, saliéndose de la anterior idea de la estamentalidad cerrada de la sociedad feudal, diríamos que son los inicios del individualismo que daría paso al surgimiento del humanismo y la ilustración. Así mismo se dice que aquello se ha perdido, que la ciudad ya no es la panacea de la libertad, sino que todo lo contrario, tiende a pensarse que las ciudades modernas (digamos, la ciudades a partir de la revolución industrial) son oscuras y negativas, y lo mejor sería volver al campo, dice el economista Jesús Huerta de Soto que esto es en gran medida producto de la mala publicidad que recibió el periodo de la industrialización por personajes de la talla de Dickens, pero en fin, la cuestión es preguntarse a uno mismo cómo veo mi propia ciudad, en mi caso pienso que esa idea tan “oscura” en la concepción de una ciudad está lejos de acontecer, es decir, no creo que la ciudades se vuelven tan opresivas y oscuras (a falta de un concepto que lo describa mejor), al menos las ciudades que conozco no lo son, esto es una perplejidad muy curiosa, la gente suele considerar su ciudad más oscura de lo que realmente es o podría llegar a ser.

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El Guardagujas, Juan José Arreola.

Arreola ya es casi una leyenda de la literatura latinoamericana, el afamado escritor mexicano fallecido hace ya unos cuantos años (diciembre del 2001), autor de obras como Confabulario y Bestiario que ha sido muy influyentes en el desarrollo de la literatura contemporánea.

El guardagujas es el cuento que contribuyó a que Arreola ganara un pedestal en el elíseo de los grandes escritores. Borges, Arreola, Bioy casares, hombres que revitalizaron el genero del cuento en una América Latina que insistía en la literatura novelesca, demostrando que no se requiere de cientos de paginas de esterlipios para presentar una idea interesante.

Arreola logra en el guardagujas presentar una metáfora muy profunda en tan sólo unas cuantas páginas de extensión, con un relato dinámico y atractivo mantiene al lector en la incertidumbre de principio a fin, tal cual le sucede al protagonista del cuento.

Mucho se ha dicho sobre las interpretaciones del cuento, algunas que rallan en lo filosófico y metafísico, a mi más bien me parece que el cuento simboliza el proceso de modernización que vivía el país de México en esos tiempos, pero también pienso que representa el sentimiento del foráneo, del hombre que está en un lugar al que no pertenece. Así mismo también representa el desarrollo de las ciudades en Latinoamérica que también estaban siendo influidas por las ideas del modernismo.

Sin más preámbulo a continuación el inmortal cuento El Guardagujas de Juan José Arreola.

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El forastero llegó sin aliento a la estación desierta. Su gran valija, que nadie quiso cargar, le había fatigado en extremo. Se enjugó el rostro con un pañuelo, y con la mano en visera miró los rieles que se perdían en el horizonte. Desalentado y pensativo consultó su reloj: la hora justa en que el tren debía partir.

Alguien, salido de quién sabe dónde, le dio una palmada muy suave. Al volverse el forastero se halló ante un viejecillo de vago aspecto ferrocarrilero. Llevaba en la mano una linterna roja, pero tan pequeña, que parecía de juguete. Miró sonriendo al viajero, que le preguntó con ansiedad:

-Usted perdone, ¿ha salido ya el tren?

-¿Lleva usted poco tiempo en este país?

-Necesito salir inmediatamente. Debo hallarme en T. mañana mismo.

-Se ve que usted ignora las cosas por completo. Lo que debe hacer ahora mismo es buscar alojamiento en la fonda para viajeros -y señaló un extraño edificio ceniciento que más bien parecía un presidio.

-Pero yo no quiero alojarme, sino salir en el tren.

-Alquile usted un cuarto inmediatamente, si es que lo hay. En caso de que pueda conseguirlo, contrátelo por mes, le resultará más barato y recibirá mejor atención.

-¿Está usted loco? Yo debo llegar a T. mañana mismo.

-Francamente, debería abandonarlo a su suerte. Sin embargo, le daré unos informes.

-Por favor…

-Este país es famoso por sus ferrocarriles, como usted sabe. Hasta ahora no ha sido posible organizarlos debidamente, pero se han hecho grandes cosas en lo que se refiere a la publicación de itinerarios y a la expedición de boletos. Las guías ferroviarias abarcan y enlazan todas las poblaciones de la nación; se expenden boletos hasta para las aldeas más pequeñas y remotas. Falta solamente que los convoyes cumplan las indicaciones contenidas en las guías y que pasen efectivamente por las estaciones. Los habitantes del país así lo esperan; mientras tanto, aceptan las irregularidades del servicio y su patriotismo les impide cualquier manifestación de desagrado.

-Pero, ¿hay un tren que pasa por esta ciudad?

-Afirmarlo equivaldría a cometer una inexactitud. Como usted puede darse cuenta, los rieles existen, aunque un tanto averiados. En algunas poblaciones están sencillamente indicados en el suelo mediante dos rayas. Dadas las condiciones actuales, ningún tren tiene la obligación de pasar por aquí, pero nada impide que eso pueda suceder. Yo he visto pasar muchos trenes en mi vida y conocí algunos viajeros que pudieron abordarlos. Si usted espera convenientemente, tal vez yo mismo tenga el honor de ayudarle a subir a un hermoso y confortable vagón.

-¿Me llevará ese tren a T.?

-¿Y por qué se empeña usted en que ha de ser precisamente a T.? Debería darse por satisfecho si pudiera abordarlo. Una vez en el tren, su vida tomará efectivamente un rumbo. ¿Qué importa si ese rumbo no es el de T.?

-Es que yo tengo un boleto en regla para ir a T. Lógicamente, debo ser conducido a ese lugar, ¿no es así?

-Cualquiera diría que usted tiene razón. En la fonda para viajeros podrá usted hablar con personas que han tomado sus precauciones, adquiriendo grandes cantidades de boletos. Por regla general, las gentes previsoras compran pasajes para todos los puntos del país. Hay quien ha gastado en boletos una verdadera fortuna…

-Yo creí que para ir a T. me bastaba un boleto. Mírelo usted…

-El próximo tramo de los ferrocarriles nacionales va a ser construido con el dinero de una sola persona que acaba de gastar su inmenso capital en pasajes de ida y vuelta para un trayecto ferroviario, cuyos planos, que incluyen extensos túneles y puentes, ni siquiera han sido aprobados por los ingenieros de la empresa.

-Pero el tren que pasa por T., ¿ya se encuentra en servicio?

-Y no sólo ése. En realidad, hay muchísimos trenes en la nación, y los viajeros pueden utilizarlos con relativa frecuencia, pero tomando en cuenta que no se trata de un servicio formal y definitivo. En otras palabras, al subir a un tren, nadie espera ser conducido al sitio que desea.

-¿Cómo es eso?

-En su afán de servir a los ciudadanos, la empresa debe recurrir a ciertas medidas desesperadas. Hace circular trenes por lugares intransitables. Esos convoyes expedicionarios emplean a veces varios años en su trayecto, y la vida de los viajeros sufre algunas transformaciones importantes. Los fallecimientos no son raros en tales casos, pero la empresa, que todo lo ha previsto, añade a esos trenes un vagón capilla ardiente y un vagón cementerio. Es motivo de orgullo para los conductores depositar el cadáver de un viajero lujosamente embalsamado en los andenes de la estación que prescribe su boleto. En ocasiones, estos trenes forzados recorren trayectos en que falta uno de los rieles. Todo un lado de los vagones se estremece lamentablemente con los golpes que dan las ruedas sobre los durmientes. Los viajeros de primera -es otra de las previsiones de la empresa- se colocan del lado en que hay riel. Los de segunda padecen los golpes con resignación. Pero hay otros tramos en que faltan ambos rieles, allí los viajeros sufren por igual, hasta que el tren queda totalmente destruido.

-¡Santo Dios!

-Mire usted: la aldea de F. surgió a causa de uno de esos accidentes. El tren fue a dar en un terreno impracticable. Lijadas por la arena, las ruedas se gastaron hasta los ejes. Los viajeros pasaron tanto tiempo, que de las obligadas conversaciones triviales surgieron amistades estrechas. Algunas de esas amistades se transformaron pronto en idilios, y el resultado ha sido F., una aldea progresista llena de niños traviesos que juegan con los vestigios enmohecidos del tren.

-¡Dios mío, yo no estoy hecho para tales aventuras!

-Necesita usted ir templando su ánimo; tal vez llegue usted a convertirse en héroe. No crea que faltan ocasiones para que los viajeros demuestren su valor y sus capacidades de sacrificio. Recientemente, doscientos pasajeros anónimos escribieron una de las páginas más gloriosas en nuestros anales ferroviarios. Sucede que en un viaje de prueba, el maquinista advirtió a tiempo una grave omisión de los constructores de la línea. En la ruta faltaba el puente que debía salvar un abismo. Pues bien, el maquinista, en vez de poner marcha atrás, arengó a los pasajeros y obtuvo de ellos el esfuerzo necesario para seguir adelante. Bajo su enérgica dirección, el tren fue desarmado pieza por pieza y conducido en hombros al otro lado del abismo, que todavía reservaba la sorpresa de contener en su fondo un río caudaloso. El resultado de la hazaña fue tan satisfactorio que la empresa renunció definitivamente a la construcción del puente, conformándose con hacer un atractivo descuento en las tarifas de los pasajeros que se atreven a afrontar esa molestia suplementaria.

-¡Pero yo debo llegar a T. mañana mismo!

-¡Muy bien! Me gusta que no abandone usted su proyecto. Se ve que es usted un hombre de convicciones. Alójese por lo pronto en la fonda y tome el primer tren que pase. Trate de hacerlo cuando menos; mil personas estarán para impedírselo. Al llegar un convoy, los viajeros, irritados por una espera demasiado larga, salen de la fonda en tumulto para invadir ruidosamente la estación. Muchas veces provocan accidentes con su increíble falta de cortesía y de prudencia. En vez de subir ordenadamente se dedican a aplastarse unos a otros; por lo menos, se impiden para siempre el abordaje, y el tren se va dejándolos amotinados en los andenes de la estación. Los viajeros, agotados y furiosos, maldicen su falta de educación, y pasan mucho tiempo insultándose y dándose de golpes.

-¿Y la policía no interviene?

-Se ha intentado organizar un cuerpo de policía en cada estación, pero la imprevisible llegada de los trenes hacía tal servicio inútil y sumamente costoso. Además, los miembros de ese cuerpo demostraron muy pronto su venalidad, dedicándose a proteger la salida exclusiva de pasajeros adinerados que les daban a cambio de esa ayuda todo lo que llevaban encima. Se resolvió entonces el establecimiento de un tipo especial de escuelas, donde los futuros viajeros reciben lecciones de urbanidad y un entrenamiento adecuado. Allí se les enseña la manera correcta de abordar un convoy, aunque esté en movimiento y a gran velocidad. También se les proporciona una especie de armadura para evitar que los demás pasajeros les rompan las costillas.

-Pero una vez en el tren, ¡está uno a cubierto de nuevas contingencias?

-Relativamente. Sólo le recomiendo que se fije muy bien en las estaciones. Podría darse el caso de que creyera haber llegado a T., y sólo fuese una ilusión. Para regular la vida a bordo de los vagones demasiado repletos, la empresa se ve obligada a echar mano de ciertos expedientes. Hay estaciones que son pura apariencia: han sido construidas en plena selva y llevan el nombre de alguna ciudad importante. Pero basta poner un poco de atención para descubrir el engaño. Son como las decoraciones del teatro, y las personas que figuran en ellas están llenas de aserrín. Esos muñecos revelan fácilmente los estragos de la intemperie, pero son a veces una perfecta imagen de la realidad: llevan en el rostro las señales de un cansancio infinito.

-Por fortuna, T. no se halla muy lejos de aquí.

-Pero carecemos por el momento de trenes directos. Sin embargo, no debe excluirse la posibilidad de que usted llegue mañana mismo, tal como desea. La organización de los ferrocarriles, aunque deficiente, no excluye la posibilidad de un viaje sin escalas. Vea usted, hay personas que ni siquiera se han dado cuenta de lo que pasa. Compran un boleto para ir a T. Viene un tren, suben, y al día siguiente oyen que el conductor anuncia: “Hemos llegado a T.”. Sin tomar precaución alguna, los viajeros descienden y se hallan efectivamente en T.

-¿Podría yo hacer alguna cosa para facilitar ese resultado?

-Claro que puede usted. Lo que no se sabe es si le servirá de algo. Inténtelo de todas maneras. Suba usted al tren con la idea fija de que va a llegar a T. No trate a ninguno de los pasajeros. Podrán desilusionarlo con sus historias de viaje, y hasta denunciarlo a las autoridades.

-¿Qué está usted diciendo?

En virtud del estado actual de las cosas los trenes viajan llenos de espías. Estos espías, voluntarios en su mayor parte, dedican su vida a fomentar el espíritu constructivo de la empresa. A veces uno no sabe lo que dice y habla sólo por hablar. Pero ellos se dan cuenta en seguida de todos los sentidos que puede tener una frase, por sencilla que sea. Del comentario más inocente saben sacar una opinión culpable. Si usted llegara a cometer la menor imprudencia, sería aprehendido sin más, pasaría el resto de su vida en un vagón cárcel o le obligarían a descender en una falsa estación perdida en la selva. Viaje usted lleno de fe, consuma la menor cantidad posible de alimentos y no ponga los pies en el andén antes de que vea en T. alguna cara conocida.

-Pero yo no conozco en T. a ninguna persona.

-En ese caso redoble usted sus precauciones. Tendrá, se lo aseguro, muchas tentaciones en el camino. Si mira usted por las ventanillas, está expuesto a caer en la trampa de un espejismo. Las ventanillas están provistas de ingeniosos dispositivos que crean toda clase de ilusiones en el ánimo de los pasajeros. No hace falta ser débil para caer en ellas. Ciertos aparatos, operados desde la locomotora, hacen creer, por el ruido y los movimientos, que el tren está en marcha. Sin embargo, el tren permanece detenido semanas enteras, mientras los viajeros ven pasar cautivadores paisajes a través de los cristales.

-¿Y eso qué objeto tiene?

-Todo esto lo hace la empresa con el sano propósito de disminuir la ansiedad de los viajeros y de anular en todo lo posible las sensaciones de traslado. Se aspira a que un día se entreguen plenamente al azar, en manos de una empresa omnipotente, y que ya no les importe saber adónde van ni de dónde vienen.

-Y usted, ¿ha viajado mucho en los trenes?

-Yo, señor, sólo soy guardagujas1. A decir verdad, soy un guardagujas jubilado, y sólo aparezco aquí de vez en cuando para recordar los buenos tiempos. No he viajado nunca, ni tengo ganas de hacerlo. Pero los viajeros me cuentan historias. Sé que los trenes han creado muchas poblaciones además de la aldea de F., cuyo origen le he referido. Ocurre a veces que los tripulantes de un tren reciben órdenes misteriosas. Invitan a los pasajeros a que desciendan de los vagones, generalmente con el pretexto de que admiren las bellezas de un determinado lugar. Se les habla de grutas, de cataratas o de ruinas célebres: “Quince minutos para que admiren ustedes la gruta tal o cual”, dice amablemente el conductor. Una vez que los viajeros se hallan a cierta distancia, el tren escapa a todo vapor.

-¿Y los viajeros?

Vagan desconcertados de un sitio a otro durante algún tiempo, pero acaban por congregarse y se establecen en colonia. Estas paradas intempestivas se hacen en lugares adecuados, muy lejos de toda civilización y con riquezas naturales suficientes. Allí se abandonan lores selectos, de gente joven, y sobre todo con mujeres abundantes. ¿No le gustaría a usted pasar sus últimos días en un pintoresco lugar desconocido, en compañía de una muchachita?

El viejecillo sonriente hizo un guiño y se quedó mirando al viajero, lleno de bondad y de picardía. En ese momento se oyó un silbido lejano. El guardagujas dio un brinco, y se puso a hacer señales ridículas y desordenadas con su linterna.

-¿Es el tren? -preguntó el forastero.

El anciano echó a correr por la vía, desaforadamente. Cuando estuvo a cierta distancia, se volvió para gritar:

-¡Tiene usted suerte! Mañana llegará a su famosa estación. ¿Cómo dice que se llama?

-¡X! -contestó el viajero.

En ese momento el viejecillo se disolvió en la clara mañana. Pero el punto rojo de la linterna siguió corriendo y saltando entre los rieles, imprudente, al encuentro del tren.

Al fondo del paisaje, la locomotora se acercaba como un ruidoso advenimiento.

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Encargo 2 de Cultura Urbana contemporánea, Sebastián Araya Vargas.

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Encargo 1 de Cultura Urbana Contemporánea, Sebastián Araya Vargas

Nombre: Sebastián Araya Vargas.

Encargo Nº1 Cultura Urbana Contemporánea.

Vadeado el río, traspuesto el paso, el hombre encuentra enfrente, de pronto, la ciudad de Moriana, con sus puertas de alabastro transparentes a la luz del sol, sus columnas de coral que sostienen los frontones con incrustaciones de piedra serpentina, sus villas todas de vidrio como acuarios donde nadan las sombras de las bailarinas de escamas plateadas bajo las arañas de luces en forma de medusa. Si no es su primer viaje, el hombre sabe ya que las ciudades como ésta tienen un reverso: basta recorrer un semicírculo y será visible la faz oculta de Moriana, una extensión de metal oxidado, tela de costal, ejes erizados de clavos, caños negros de hollín, montones de latas, muros ciegos con inscripciones desteñidas, asientos de sillas desfondadas, cuerdas buenas sólo para colgarse de una viga podrida.

De parte a parte parece que la ciudad continuara en perspectiva multiplicando su repertorio de imágenes: en cambio no tiene espesor, consiste sólo en un anverso y un reverso, como una hoja de papel, con una figura de este lado y otra del otro, que no pueden despegarse ni mirarse.” (Ciudades invisibles de Italo Calvino)

Yo estudio en Valparaíso pero vivo en Viña del Mar, nací en Antofagasta pero pasé parte de mi vida en Calama y Chuquicamata. Mi padre nació en san Lorenzo (IV Región) y mi madre en Puerto Montt, ellos se conocieron en Santiago pero se trasladaron a Calama y posteriormente a Antofagasta. Mi abuelo nació en San Lorenzo y luego se trasladó a Chuquicamata, mi bisabuelo nació en Santander (España) y luego se traslado a Argentina (Buenos Aires), y finalmente a Chile (La Serena-San Lorenzo).

Tras de sí un linaje va dejando un rastro de su paso, quizás, acaso, en lo profundo de nuestros genes aún arde el espíritu de las tribus nómades indoeuropeas, que recorrieron miles de quilómetros buscando un buen clima y una buena tierra, o el espíritu de los piratas fenicios que surcaban el mediterráneo llevando sus casas a cuesta.

En realidad lo que movía a esos hombres no era puramente el confort climático, sino que estaba en ellos presente un espíritu aventurero, quizás una curiosidad innata por ver nuevos lugares, no obstante, para ello, debería necesariamente carecer de un sentido de arraigo y de identidad territorial, digamos.

Pero en algún momento tuvo que pasar, las tribus terminaron por asentarse definitivamente en un lugar y surgieron las civilizaciones, Grecia, Etruria, Roma, Etc. Con la ciudades nace el sentido de arraigo, la pertenencia.

Ya en nuestro mundo contemporáneo y globalizado, “aldea global” le han llamado, los viajes y el cambio de ciudades se ha vuelto algo común, cambiarse de ciudad ahora es algo perfectamente posible y por la influencia del mundo occidental sabemos que nuestra vida no será demasiado distinta aún cuando nos cambiemos a otro continente.

Si lo que movía a los hombres de tiempos pretéritos era el espíritu aventurero ¿Qué es lo que mueve a los hombres del presente? Probablemente ya no es la aventura o el clima, no, sino la economía, habrá muchos que no van a una ciudad por asuntos económicos pero la tendencia general es hacerlo por ese motivo.

Mi familia se ha movido por países y ciudades, aún yo mismo pienso en cambiarme de ciudad algún día. Lo razón por la que mi familia, y quizás la mayoría de las personas del mundo, se cambian de ciudad es en gran medida por la idea que presenta Calvino de la ciudad de Moriana, es decir, una ciudad es como la luna, tiene un lado brillantes que todos ven y que atrae, que promete, pero también tiene un lado oscuro que uno no ve, no ve al menos hasta que se le conoce realmente, y ese lado oculto de la ciudad es lo que termina desencantado a la gente. El lado oculto de una ciudad pueden ser, por ejemplo: barrios periféricos, bandas, delincuentes, suciedad, contaminación, etc. Creo que todas las ciudades tiene un lado oscuro, algo que no se muestra directamente a los visitantes, y estos los conocen sólo si llegan a vivir en la ciudad, o si los buscan.

Pero las muchas ciudades poseen un influjo mágico que encanta al foráneo. Como no sentirse atraído por New York y Wall Street, o Londres y Downing Street, ciudades que prometen un futuro económico agradable, y uno como forastero sólo conoce las cosas buenas de las ciudades, sólo ve el lado luminoso, hay que vivir en una ciudad para conocer su lado oscuro.

En nuestro mundo moderno la idea de pertenencia ha ido desapareciendo poco a poco, cada vez las ciudades son mas pluriculturales, y las culturas cada vez son más difusas por la causa del sincretismo. A mi personalmente me parece bien, de igual forma tarde o temprano seremos una sola cultura, no obstante, al menos por ahora, muchas ciudades conllevan un gran sentido de pertenencia, ya que estas ciudades poseen símbolos propios reconocibles como suyos por todos los foráneos.

Si ya partimos por la idea de que las ciudades son pluriculturales, responder la pregunta de ¿A quién pertenece la ciudad? Es ciertamente complicado, habría la tendencia natural de decir que la ciudad pertenece a sus habitantes, a sus ciudadanos, pero en la actualidad muchas ciudades dependen de gente que no necesariamente vive en ella, aparece el famoso concepto de la “población flotante”, que en algunas ciudades es un numero considerable de personas. Por ejemplo en la ciudad de Calama la población flotante llega al 30% de la población total, y al menos el 50% de la población actual no es nativa de la ciudad.

Creo que hay un error en la pregunta anteriormente mencionada, el error es creer que la ciudad pertenece, puede ser que los individuos tengas sentido de pertenencia y consideren que ellos pertenecen a una ciudad, ¿Pero una ciudad pertenece a alguien? ¿A una cultura? ¿A un determinado “pueblo”? ¿A los nativos? Creo yo, que la ciudad no pertenece a nadie o bien pertenece a todos, al menos en el mundo contemporáneo decir que la ciudad pertenece es una afirmación vaga y difusa, muy posiblemente todas aquellas características que hacen pensar que una ciudad pertenece terminen siendo absorbidas por la globalización, ya no se puede evitar, la idea de aldea global se concretará finalmente en algún momento.